No levantes el velo pintado que los vivos
llaman Vida, aunque formas irreales represente,
imagen engañosa de aquello en que creemos,
con colores dispersos. Detrás acechan Miedo
y Esperanza, Destinos gemelos que entretejen
sus sombras en la sima sombría y encubierta.
A un hombre conocí de corazón sensible
que levantó ese velo buscando algo que amar,
pero no encontró nada, ni tampoco las cosas
que contiene este mundo podían agradarle.
Ignorado vivía; era luz en las sombras,
una mancha brillante en esta escena turbia,
un Alma que luchaba por la verdad y nunca,
como el Predicador, la pudo hallar en nada.
Percy Bysshe Shelly (1792-1822), The paint veil
domingo, 8 de julio de 2012
El fantástico y profético universo de Blake llega a CaixaForum
Con solo diez años, William Blake (1757-1827) tomaba lecciones de dibujo y grabado. Las clases le hicieron conocer muy pronto los rudimentos técnicos a la vez que creaba un mundo imaginativo y profético, fuera de toda norma. Con el inconformismo como principio y con el gótico y Miguel Ángel como fuentes de inspiración, a los 16 años dio a conocer su filosofía mística a través de grabados y acuarelas, nunca el óleo. Convencido de que el mundo visible de los sentidos es un mero envoltorio de la realidad espiritual, Blake es dueño de una vasta obra en la que sus sorprendentes composiciones dan rienda suelta a sus poemas visuales. Mitologías y delirios, temas religiosos y sociales protagonizan la deslumbrante retrospectiva que hasta el 21 de octubre se puede ver en el CaixaForum coproducida con la Tate Britain, propietarios de la mayor parte del legado de Blake, la exposición de adentra también en la obra de algunos de los artistas influidos por su obra.
Alison Smith, conservadora de la Tate Britain, ha organizado la exposición destacando la vigencia y actualidad de uno de los artistas más queridos entre los ingleses y más admirados en todo el mundo. "Producto del romanticismo, es nuestro equivalente a Goya. Como él, a Blake le tocó vivir la guerra y sufrir las desigualdades sociales. Solo al final de su vida su arte empezó a ser reconocido, pero su estela sigue inspirando a generaciones de artistas".
Entre 1788 y 1806 se condensa una producción poética que alimenta sus trabajos plásticos. En sus poemas mezcla las tradiciones religiosas con las ideas esotéricas o la pura literatura. La vigencia de su obra es tal que el poema Jerusalén se sigue vendiendo cada año durante diferentes eventos culturales como losproms. Revolucionario y muy adelantado a su tiempo, en el frontispicio de Visiones de las hijas de Albión (1793), se pueden ver tres figuras encadenadas entre sí que aparecen amarradas a las rocas de Inglaterra, detalla la comisaria de la exposición, que añade que la obra libertad sexual y la igualdad entre hombres y mujeres.
Sus cuadros son, en general, obras de pequeño y mediano formato en los que aparecen imágenes de un inconformismo y misticismo inspirado en las visiones que le acompañaron a lo largo de toda su vida. Utilizaba esas visiones para denunciar los vicios del sistema a través de personajes fantásticos o nacidos del antiguo testamento.
La exposición está dividida en ámbitos en los que se desarrollan la mayor parte de los temas que nutren su obra. Empieza con sus primeros trabajos como grabador, sigue con los libros proféticos, los grabados en color, las escenas bíblicas, sus pinturas al temple, el libro de Job, La divina comedia, los Antiguos (los primeros artistas que le adoptaron como maestro), los prerrafaelitas y simbolistas y los neorrománticos ingleses.
Las sirenas de Dolina
Todas las noches a las dos, en una esquina de la calle Sanabria, lejos de los poderes del Ángel Gris, aparecen las Sirenas de Santa Rita. Se trata de criaturas de perversa belleza, mitad princesas y mitad milongueras. Atraen a los caminantes desprevenidos con indecentes pasos de danza y con un canto provocativo que dice así:
Aquí bailan las Sirenas,
Sirenas de Santa Rita.
Lo que te dan con el cuerpo
con el alma te lo quitan.
Nuestros amores eternos
son como estrellas fugaces.
Somos fieles y constantes
con el primero que pase.
Sirenas, Sirenas…
que se miran y se tocan.
Le regalamos la muerte
al que nos bese en la boca.
Tal como anuncia la copla, el beso de las Sirenas es fatal. Pero es imposible resistir la tentación. Algunos camioneros audaces se atan con cadenas al volante de sus vehículos y pasan por la calle Sanabria para poder ver y escuchar este prodigio. Por eso es que hay en esta zona muchísimos accidentes de tránsito.
Alejandro Dolina
Aquí bailan las Sirenas,
Sirenas de Santa Rita.
Lo que te dan con el cuerpo
con el alma te lo quitan.
Nuestros amores eternos
son como estrellas fugaces.
Somos fieles y constantes
con el primero que pase.
Sirenas, Sirenas…
que se miran y se tocan.
Le regalamos la muerte
al que nos bese en la boca.
Tal como anuncia la copla, el beso de las Sirenas es fatal. Pero es imposible resistir la tentación. Algunos camioneros audaces se atan con cadenas al volante de sus vehículos y pasan por la calle Sanabria para poder ver y escuchar este prodigio. Por eso es que hay en esta zona muchísimos accidentes de tránsito.
Alejandro Dolina
Nuestra deuda con Atenas
Charlatanes y discutidores, los griegos inventaron casi todos los caminos del saber
Inauguraron una actitud ante el mundo: tenían un inaudito afán de conocer y conocerse, entusiasmo por la libertad, anhelo de belleza cotidiana y una animosa confianza en el diálogo. En las orillas del mar, “sonrisa innumerable de las olas” y camino de infinitas aventuras, inventaron leyes, exploraron el cosmos y teorizaron con entusiasmo. Para retratar el carácter ateniense, Pericles dijo, según cuenta Tucídides: “Amamos la belleza sin ostentación y buscamos el saber tenazmente”. Admirable lema para una ciudad y una cultura. Y solo a un griego como Aristóteles se le pudo ocurrir como algo evidente que “por naturaleza, todos los hombres anhelan el saber”. A otros pueblos los definen otros afanes: aman la piedad religiosa, el dinero, las guerras de conquista, el fútbol o la gastronomía. Solo en Grecia “filosofar” no fue un raro oficio profesional, solo allí fue la política una tarea común de la democracia. En Atenas, la educación comenzaba por saber poesía (Homero, sobre todo) y acudir al teatro de Dioniso. Otras ciudades anteponían el atletismo, la gimnasia y las hazañas bélicas.
Los dioses griegos, hechos a imagen y semejanza de los seres humanos, incluso demasiado humanos, pero más hermosos, frívolos y felices, no acongojaban la vida de sus creyentes; fiestas colectivas y certámenes deportivos eran frecuentes y populares. Frente al despotismo de otros pueblos, como los persas, los griegos —cuenta Heródoto— se sentían orgullosos de obedecer solo a sus propias leyes; frente al hieratismo de los sabios egipcios, creían en la vivacidad y la belleza de lo efímero con entusiasmo juvenil. El arte en otros países es rígido, solemne y atemporal; el de los griegos expresa el amor a lo humano embellecido y trágico, como hacen a su modo sus poetas y sus pensadores.
La inquietud intelectual, la exploración del mundo y de uno mismo, la pregunta por la naturaleza y la condición humana son rasgos históricos del helénico estar en el mundo. Sabiendo que “todo fluye” (Heráclito) y “no todo lo enseñaron desde el principio los dioses; con el tiempo, avanzando en su busca, los hombres encuentran lo mejor” (Jenófanes), y “el ser humano es la medida de todas las cosas” (Protágoras), y “la medida es lo mejor” (uno de los siete sabios), y “la vida irreflexiva no es digna de vivirse” (Sócrates).
Los griegos inventaron o rediseñaron casi todos los caminos del saber: los más clásicos géneros literarios (poesía épica y lírica, la tragedia y la comedia), la historia, la filosofía y la medicina, las matemáticas, la astronomía, la política y la retórica, la ética y la astronomía y la geografía, los juegos atléticos, la escultura y las artes plásticas, etcétera. Pero más allá de los datos concretos, de todo el inmenso y prolífico legado que anima las raíces de nuestra cultura, lo más admirable es esa apertura o inquietud del espíritu. Lo que el léxico recuerda en tantísimos vocablos de abolengo heleno: kosmos, physis, philosophía, téchne, nomos, demokratía, politiké, poíesis, mythos, logos, historía, arché, théatron, etcétera. (Es decir, universo y orden, naturaleza, filosofía, arte y técnica, ley, democracia, ciudadanía, poesía, mito, palabra y razón, historia, principio, teatro, etcétera). Si nos pidieran definir lo griego en dos palabras, elegiríamos logos y polis, con el visto bueno de Aristóteles, que definió el ser humano (ánthropos) como una animal de ciudad (zoon politikón) que tiene logos. (Logos es intraducible por su amplio campo semántico: significa “palabra, razón, relato, razonamiento, cálculo” y su sentido se precisa en el contexto). Dios es fundamentalmente logos, dirá el evangelio de Juan. Como animal lógico y político, el hombre necesita el diálogo y el ágora y el teatro. Exageraba Borges cuando dijo: “Los griegos inventaron el diálogo”, pero ciertamente lo practicaron más que ningún pueblo. Eran charlatanes y discutidores sin tasa. Platón escribió toda su filosofía en diálogos dirigidos por Sócrates, inolvidable conversador.
Frente al logos estaba, como sabemos, el mythos (relato antiguo y memorable). En la competencia de ambos, una historia bastante conocida, se impuso el primero, que explicaba el mundo de modo más objetivo y, como diría alguno, más rentable. Porque con él se podía razonar sobre todo: “Justificar las apariencias” o “salvar los fenómenos” (según Anaxágoras) y demostrar que existe “una armonía oculta mejor que la visible” (Heráclito). La lógica y los silogismos justificaban la realidad mucho mejor que los fantásticos mitos. Aun así, el mito subsistió en la imaginación y la literatura.
Y debemos dar gracias (y no solo a los dioses) por los encantos de su espléndida mitología. Aunque ya no sintamos devoción por los dioses griegos ni hagamos poemas a sus héroes, pensemos qué pobre sería nuestro imaginario y nuestro arte sin sus figuras seductoras, sin sus nombres y gestas. Sin Odiseo ni Hércules, sin Orfeo ni Edipo, sin la bella Helena; sin Dioniso, sin Afrodita, sin Prometeo, y otros fantasmas familiares. No hay en la cultura universal ningún otro repertorio fabuloso comparable en fantasía dramática ni en prestigio literario.
No voy a insistir en los prestigios míticos, pero sí quiero apuntar que se prestan a múltiples reciclajes y recreaciones (que fueron materia constante del teatro clásico). A menudo de hondo trasfondo humanista. Un ejemplo: Prometeo les robó el fuego a los dioses para dárselo a los humanos (que sin él habrían muerto pronto de hambre y frío). Según Esquilo, inventó todas las artes y técnicas: de la navegación a la medicina, incluyendo la escritura, los números (“el saber más alto”) y la mántica. Por ello, Zeus lo castigó y tuvo que sufrir tormento en el Cáucaso, redentor rebelde y revolucionario. Había irritado a los dioses su “amor a los humanos”, su titánico trópos philánthropos.
La philanthropía, otra clara palabra griega, está relacionada en un viejo texto hipocrático con philotechnía (amor a la téchne, otra palabra de difícil traducción, es tanto “técnica” como “arte, oficio”). Ambas cosas deben ir unidas, en la intención del viejo Titán y en la del anónimo escritor. La filantropía es un hermoso concepto que se desarrolló sobre todo en el helenismo, cuando algunos griegos posalejandrinos hicieron notar que la distinción usual entre “griegos” y “bárbaros” no debía fundarse en la raza ni en el país de origen, sino en la educación y la cultura (paideia). Solo esta marcaba la diferencia entre unos y otros. Los estoicos, entonces, sostenían la fraternidad de todos los seres humanos, miembros de una sola comunidad, que compartía el logos. En latín, paideia se tradujo acertadamente como “humanitas”. (Se nos va quedando lejos la idea griega de educación, cuando la reducimos a un aprendizaje de “destrezas” y manejo de diversas tecnologías orientadas a lo más rentable, algo que no entraba en la idea antigua de la educación, la que heredó y desarrolló a su sombra el humanismo europeo).
En las estatuas de los jóvenes y en las de los dioses se aprecia el sentido helénico de la belleza, idealizada en la época clásica y más realista y apasionada luego. Un ideal de belleza que ha perdurado siglos. Pero la seducción de sus imágenes no solo se halla en los grandes monumentos y no solo anima los textos más clásicos, sino que animaba el encanto de sus artes menores. Una copa o una urna griega reflejan el mismo afán por lo bello. No solo nos fascinan los templos de esbeltas columnas o los vastos teatros, sino también las pequeñas esculturas o las escenas de la humilde cerámica, que atestiguan una vivaz y original artesanía de gracia inimitable. Incluso en sus logros más sencillos se percibe la “noble sencillez y serena nobleza”, según la famosa frase de Winckelmann.
Platón escribió que el impulso natural del filosofar estaba en la admiración. Dice Heródoto que la historia se escribe para salvar del olvido “hechos y cosas admirables”. Admirarse del mundo motivó su incesante ardor creativo y su busca de explicaciones en los ámbitos más diversos de la poesía y la cultura. Frente al moderno y fáustico homo faber, entregado con furor a la tecnología y la mecánica, el griego era contemplativo y dialogante, entusiasta de la belleza del cuerpo y del alma, experto en viajes odiseicos.
El amor por la Grecia antigua y el estudio histórico del mundo clásico marcaron el humanismo europeo desde el Renacimiento hasta el siglo XX. La imagen idealizada de Grecia revivió en el estudio filológico de los textos y la arqueología de sus ruinas. El filohelenismo tuvo larga vigencia en la Europa ilustrada y la romántica. Keats dijo: “Los griegos somos nosotros”. Son los europeos —alemanes, ingleses, franceses, italianos— quienes han recobrado a fondo la cultura clásica en Grecia, quienes han estudiado tan a fondo a Homero y a Platón. La nostalgia de lo helénico fue un síntoma europeo.
En su artículo ¿Por qué Grecia?, evocando el libro de J. de Romilly, Vargas Llosa recordaba cuánto guarda Europa de su luminosa cultura. Tal vez, sí, nos estemos alejando, a zancadas, de ella. Cierto es que la economía no suele ser compasiva con la cultura. Cierto que los griegos de hoy no son los hijos de Pericles. Pero aun así, pensar en una Europa que deje excluidos a los griegos, parece —no solo en un plano simbólico— un gesto notablemente bárbaro, muy en contra de nuestra tradición humanista.
La rana puede fabricar manteca
Por Osvaldo Bayer
Immanuel Kant. Karl Marx.
Desde Bonn, Alemania
Llego a Europa. Leo los diarios. Escucho reportajes a políticos. Visito universidades para oír a los pensadores actuales. No puedo comprender. Esta Europa de hoy, ¿no aprendió nada? Es la primera pregunta que nadie me sabe responder. Sólo la sonrisa irónica como respuesta, o el mover los hombros en el “qué sé yo”. Quisiera reunir ya a los grandes economistas de la historia que por supuesto no me aclararían nada o tratarían de explicar lo inexplicable. Estoy en Alemania. Soñé anoche que lograba reunir a diez de sus más grandes filósofos para que me explicaran el porqué del HOY. Vinieron todos: Kant, Schopenhauer, Hegel, Nietzsche, Marx, Adorno, Jaspers, Leibnitz, Husserl y Habermas. Por supuesto, Freud no vino.Comencé con Kant, a quien lo invité a caminar por el bosque. Le pregunté casi en tono de reproche cómo él había pensado en lograr la Paz Eterna. Llevaba en mi bolsillo un montón de recortes de diarios de los últimos días. Comencé con este título: “Más tanques de guerra alemanes para el reino de Arabia Saudita”. “Se está hablando de la venta de entre 600 y 800 tanques Leopard II alemanes. Los árabes prefieren el tanque alemán al norteamericano M1 Abrams.” Le digo a Kant: ¿Cómo Alemania, luego de la terrible experiencia de la última guerra donde murieron millones de seres humanos y sus ciudades fueron destruidas, puede vender armas a un Estado como Arabia Saudita que no es democrático y no respeta los derechos humanos, además de haber aplastado en el 2011 el movimiento democrático de Bahrein? Kant guarda silencio. “Al mismo tiempo –le digo, y le leo la noticia–, Alemania vende desde hace años submarinos a Israel. Submarinos con cabezas explosivas atómicas.” El silencio continúa. Tomo otra información, del 5 de junio de este año: “Alemania es el tercer país exportador de armas”. Exporta el 11 por ciento de la venta total en el mundo, después de Estados Unidos (30 por ciento) y de Rusia (23 por ciento). Y ahora viene la sorpresa que puede deprimir al más optimista de los seres humanos: el principal país que compra armas alemanas es Grecia, con el 15 por ciento del total. Grecia, el país más pobre de Europa, con millones de desocupados y en una crisis económica sin regreso. Fantasías de la realidad.
Lo miro a Kant, quien sigue en silencio. Luego tomo otros recortes de diarios recientes: “En Estados Unidos se suicidan por día en promedio 18 ex soldados que regresan de la guerra en Irak y en Afganistán”. Dieciocho vidas por día. Toda una lección. También ocurrió eso con gran cantidad de soldados argentinos que volvieron de Malvinas, le agrego. Sigo leyendo la crónica de los soldados estadounidenses que regresan de Irak y de Afganistán: “Cada año se calcula que se suicidan 6500 soldados que regresan de esas guerras. Por cada uno que muere en los campos de batalla mueren 25 en sus casas, al regresar. Acaba de ocurrir en California que un veterano que regresó se ahorcó delante del edificio de oficinas de atención de ex soldados”. Pero estas enseñanzas no alcanzan –continúo diciendo a Kant–, no, ahora entró la moda de la mujer soldado. Es decir, al ser que trae la vida se lo educa para matar, se le pone uniforme como a los hombres y se les hace marcar el paso y aprender a apretar el gatillo. El 11 de junio de este año los diarios alemanes publicaron esta noticia: “Ejército con muy pocas damas” (título del diario Frankfurter Rundschau). “El inspector general del Ejército Federal de Alemania quiere duplicar el número de mujeres militares, del 9 al 18 por ciento.” Pero el general Wieker no está del todo conforme, ya que de las 18.000 soldados mujeres, sólo 3400 pertenecen al sector en el que son preparadas para ir al frente de combate. El citado general ha dicho que las soldados mujeres necesitan mucha más experiencia de tropa del frente.
Pobre Kant, pienso. La Paz Eterna y el ser humano ha llegado al extremo de querer educar a la mujer como militar. Claro, los estudios señalan que los soldados varones califican de malo el rendimiento de las mujeres militares, aunque los exámenes realizados demuestran que las mujeres militares obtienen mejores notas en lo que respecta a sus cualidades intelectuales y en cuanto al cuidado y preparación de sus cuerpos. Bueno, tal vez tengan futuro militar.
Aquí me detengo y pienso con nostalgia en las luchas de las mujeres por su verdadera liberación. Y las veo con un futuro con uniforme. Sí, por qué no, pero sueño en soldados de la paz, que en los desfiles y las marchas lleven flores en los caños de los fusiles en vez de balas. Y que los grupos feministas del mundo marchen todos los años a las fronteras y en vez de barreras allí planten flores.
Pero hay seres humanos que no se rinden. Los mismos diarios que trajeron las notas guerreras el 19 de junio recordaron la figura de Carl Friedrich von Weizsä-cker, el sabio que fue uno de los que ayudó a descubrir la energía atómica y que luego se convirtió en un emisario de la paz en el mundo. Cuando vio los resultados de sus estudios se dio cuenta de que sólo la paz eterna –aquella de Kant– podría salvar al mundo y desde ese momento fue uno de los filósofos más jugados en cuanto a la defensa de la paz en el mundo. Su figura fue resaltada en los últimos días porque se cumplieron los cien años de su nacimiento.
El lector ese día no comprendió al mundo: dos hojas de los diarios para recordar la figura de Carl Friedrich von Weizsäcker y tres hojas para reflejar los grandes negocios de la venta de armas.
Me detengo. Lo miro a Kant en nuestro paseo por el bosque. En mi mirada hay algo inquisitivo. El porqué de todo esto. Ahí está la pregunta: ¿Es que nada tiene solución? Kant me responde: ya que lo has nombrado te traigo una respuesta que dio Von Weizsäcker ante la misma pregunta: “Cuando un joven me dice que nada se puede lograr, le respondo: no es así, la rana saltarina que cae en un frasco con leche comienza a saltar y de tanto pegar saltos, la leche se convierte en manteca”.
Hemos dejado el bosque y de pronto se abre una llanura muy seca, sin hierbas. Kant me toma de la mano y me lleva: de pronto ahí ha crecido un rosal, pleno de flores. Kant acaricia la flor, me sonríe y se va.
Vuelvo a la reunión de filósofos. Les hablo de la Europa actual. La desocupación, la amargura, el euro, el “ajuste” capitalista, el aumento para la edad de jubilarse, más impuestos. Y le leo la lista oficial de los “ejecutivos” que ganan más en Europa. El que más gana es el manager de la fábrica de automóviles alemana Volkswagen, Martin Winterkorn, nada menos que 17,7 millones de euros al año; luego le siguen: Vittorio Colao (Vodafone), 14,2 millones; José Jiménez (Novartis), 12,6 millones; Bob Dudley (BP), 11,1; Alfredo Abad (Banco Santander), 10,2; Andrew Witty (GlaxoSmithKline), 9,58; Josef Ackermann (Deutsche Bank), 9,35; Peter Voser (Shell), 9,33; Peter Walsh (Diageo), 8,9; y Dieter Zetsche (Daimler), 8,6 millones. Un continente democrático. Con millones de desocupados, en especial los jóvenes.
Les leo la lista a los filósofos. Se levantan en silencio. Marx apenas murmura: “A pesar de todo, no me equivoqué”. Nietzsche pega una carcajada. Quedo mirando mis manos vacías. El pueblo griego –aquel que tuvo a Sócrates, Platón y Aristóteles–... acaba de votar a la derecha.
Portillo abduce a Segismundo
La actriz reinterpreta, en el estreno en Almagro de ‘La vida es sueño’, el héroe de Calderón de la Barca, con su mezcla de ternura masculina y fuerza femenina
Había un silencio tal durante la representación que hasta la propia Blanca Portillo, actriz acostumbrada a lidiar con públicos entregados, se quedó impresionada. Eran los mismos espectadores que la hicieron llorar cuando la vitorearon el viernes por la noche al salir a saludar tras estrenar La vida es sueño, de Calderón de la Barca. Fue con la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC) que dirige Helena Pimenta, responsable también de la puesta en escena de este montaje nacido en el 35º Festival de Teatro Clásico de Almagro y que iniciará una larga gira en septiembre. Acababa de abducir, más inmensa que nunca, durante dos horas a Segismundo, que muchos expertos consideran el personaje más completo del teatro español clásico.
Portillo entró en contacto con él hace más de 30 años, cuando su gran maestro José Estruch le hacía leer teatro barroco. “Recuerdo que pensaba: ‘¡Qué pena haber nacido chica y no poder decir esto tan bonito!”, asegura la actriz. Pero nunca se planteó hacerlo y solo lo vio claro cuando Pimenta le contó lo que tenía planeado: “Hoy [por el viernes] me he dado cuenta más que nunca de que estamos enamorados de lo que hacemos. Había una energía maravillosa antes de empezar y todos éramos conscientes de que teníamos una criatura preciosa y la queríamos enseñar con todo el amor", dijo escasos minutos después de terminar la función, aún con la respiración agitada y excitada porque había visto al público aportando registros a la función. “Estaban dentro del espectáculo, he visto gestos tremendos y ese silencio que te da la medida de las cosas y te demuestra que ahí estaba pasando algo, que hay verdad”. Un silencio especial que percibió antes de salir a escena, cuando escuchó hablar a Rosaura en su primer parlamento, mientras ella estaba escondida debajo del escenario, abrazada a Pedro, el utilero de la CNTC, que en ese momento, que todos los actores viven, de soledad absoluta, cuando no de pánico escénico, era su único ángel protector.
Portillo desde hace años aborda indistintamente cualquier personaje, ya sea hombre, mujer o niño (lo fue en otro calderón dirigido por Lavelli). La vuelven a colgar en escena por cuarta vez, y a descalzar por tercera. Los elogios los compartió con la pequeña orquesta barroca y el resto del reparto, en el que destacaron con su luminosidad Marta Poveda (Rosaura) y Pepa Pedroche (Estrella) y con su gran oficio Fernando Sansegundo (Clotaldo) y Joaquín Notario (Basilio). Actor este último que hace 12 años y bajo la dirección de Calixto Bieto fue uno de los segismundos más elogiados del teatro español contemporáneo. Curiosamente ahora, que hace de padre de este nuevo Segismundo, concebido como un ser en el que confluyen la siempre posible ternura masculina y la no tan rara fuerza y determinación femenina, da la sensación de que hay una importante corriente genética entre ambos. Este Segismundo está clarísimo que es hijo de este Basilio.
Tanto Bieito como Pimenta han querido que sus criaturas sean dos seres en los que confluyen rabia e ira, alejados de tantos segismundos marcados por el dolor, la nostalgia de lo que podían haber sido, la debilidad ante la permanente incertidumbre, o directamente la superficialidad e incluso frivolidad. La gran enseñanza de Portillo aquí termina siendo una terapia cercana al psicoanálisis, en la que vemos como un ser logra dominar y gestionar la inmensa rabia que le invade. Y siempre desde esa dualidad que tantas veces aparece en el barroco y en Calderón, un autor que redescubrieron en el siglo XIX en Alemania y Polonia, cuando en España apenas se representaba. En esta ocasión se ha envuelto de una estética muy inspirada en el siglo XVII reflejado en tantas pinturas de países nórdicos.
En el estreno se oyeron también muchos elogios hacia la versión de Juan Mayorga, considerado el dramaturgo español vivo más internacional. Una versión muy respetuosa, pero que se hace totalmente entendible. “Calderón encontró la forma exacta para representar una experiencia universal: la del que se pregunta si vive o si sueña, o si le hacen soñar. No hay en nuestro teatro otro personaje en que se nos dé a ver la frágil belleza de lo humano como la reconocemos en Segismundo, ‘un hombre de las fieras y una fiera de los hombres”, señala Mayorga, que debuta como director en este festival (14 y 15) con su obra La lengua en pedazosbasada en textos de Teresa de Jesús. Este matemático y filósofo de formación ha debido disfrutar con este texto que recoge la tradición milenaria de diferentes culturas situadas en el convencimiento de que la vida no es más que un sueño. Las referencias se encuentran en el pensamiento oriental, persa, hinduista, budista, judeocristiano, incluso en muchas ciencias modernas que sostienen que este solo es uno de los posibles mundos. Pero, sobre todo, en la filosofía griega y las teorías de la caverna platónica, donde todos estamos atrapados y solo saldremos haciendo el bien.
Calderón escribió este drama existencialista estrenado en 1635, profundamente influido por Platón, con un tema que le obsesionaba y que se ve reflejado en otras obras, como En la vida todo es verdad y todo mentira, que se verá en Almagro (del 20 al 29) con la CNTC y dirección de Ernesto Caballero.
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